viernes, 13 de febrero de 2009

Sin remitente, ni destinatario II

 



Si he de estar condenada porque mi espíritu es libre… y mis días se acumulan, uno a uno como las trancas que me asedian, formando barreras inexistentes pero poderosas como espesos muros que me enclaustran en la repetitiva vida, la vida sin ti. Espero, al menos, tocar con mi voz aquellos lugares donde te encuentres, dejar que mis pensamientos viajen hasta tocar tu piel, lograr que mis sueños besen tu cuerpo, que mis deseos puedan susurrarte todas las palabras que yo jamás podré, y mi alma me abandone para convertirse en la perenne sombra acompañante de los caminos difusos que recorres constantemente.


Si no he de poder estar contigo porque el tiempo y las circunstancias son el enemigo, aguardo el momento en que el cansancio de nuestros cuerpos se conjuguen, desvanezcan la distancia, la hagan más breve, esperando ese ligero descuido; aquel donde las montañas y los mares, la brisa y la niebla no nos miren; permitiendo movernos en las mismas líneas de un verso que aún no se escribe.



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